Un placer sagrado… vino y chocolate

publicado en: Curiosidades con Jungui | 0
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DIce la leyenda que el dios Quetzalcóatl robó a sus hermanos el bello árbol del cacao, el cual era considerado el alimento de los dioses y se lo regaló al pueblo tolteca, enfureciendo a aquellos dioses vengativos. Así fue como los mortales pudieron disfrutar de su fruto, ese delicioso alimento sagrado que calmaba el hambre y la sed. Su origen terrenal se sitúa en la selva amazónica (crece en regiones cálidas y húmedas), y en México se han hallado restos de cacao de hace casi 4.000 años.

Las civilizaciones precolombinas atribuían al cacao cualidades mágicas, y bebían xocoatl agua amarga“. Mezclaban los granos de cacao molidos con agua y harina de maíz, y los aromatizaban con especias como el chile, la vainilla y algunas flores. Tal era el valor de los granos de cacao, que en los imperios mesoamericanos se utilizó como moneda, y su consumo se reservaba normalmente a las élites (gobernantes, guerreros, etc.).

Tras la conquista del Imperio azteca en el siglo XVI, los españoles llevaron el cacao a Europa y sus colonias, al igual que el resto de potencias colonizadoras. Su popularidad se extendió entre la realeza y las clases altas, en España se servía caliente y lo endulzaban con azúcar de caña, pero pronto su poder de seducción traspasó todas las fronteras posibles.

Hubo que esperar al siglo XIX para que el chocolate se hiciese tableta, convirtiéndose en el más placentero mordisco. Intenso y complejo con más de 400 notas de sabor, es uno de los ingredientes más fascinantes que existen. Ciertas sustancias que contiene producen una sensación de placer en el organismo, lo que intensifica la experiencia sensorial.

Para maridar vino y chocolate, lo primero que tenemos que hacer es seleccionar un chocolate de calidad, para acompañar un buen vino ya que si elegimos cualquiera, pueden contener distintos elementos que opaquen las características y sabores de ambos productos. A la hora de seleccionar el vino debemos escoger uno que aguante el peso en boca que ofrece el chocolate como por ejemplo los vinos tintos de la variedad Bobal.

El chocolate blanco está elaborado con manteca de cacao, por lo que es el más dulce de todos los chocolates y marida mejor con vinos suaves confeccionados con Chardonnay que resalten su cremosidad, así como con vinos espumosos. Lo mismo sucede con los chocolates con leche, que precisan de vinos frescos y afrutados tales como los Pinot noir o un Merlot, mientras que el chocolate negro o con elevadas cantidades de cacao, compagina con vinos de crianza elaborados con Cabernet Sauvignon, el Zinfandel o el Petite Sirah, variedades más robustas que pueden brindar un equilibrio más fuerte entre ambos sabores.

Es fundamental que el vino sea igual o un poco más dulce que el chocolate que lo acompaña, de lo contrario, lo notaremos más amargo y, por lo tanto, disminuirá su calidad.

Uno de los trucos principales para maridar ambos productos, es catar previamente los dos por separado, deleitándonos con los sabores y matices que ofrecen.

Después, para pasar a la máxima experiencia degustativa al combinarlos, se aconseja tomar un pedazo de chocolate y dejarlo en la lengua hasta que se derrita y, una vez lo haya hecho, beber un poco del vino escogido. Así, los mezclaremos en la lengua sintiendo todos los sabores de los dos productos y descubriremos si hemos acertado con el maridaje perfecto.

Extracto de mivino.com y utielrequena.org